Qué es la nutrición funcional (y por qué no es una dieta más)
Cuando alguien llega a mi consultorio, casi siempre me hace la misma pregunta: "¿qué tengo que comer?". Es una pregunta lógica, pero casi nunca es la primera que respondo.
La nutrición funcional parte de una idea simple: los síntomas — cansancio, hinchazón, dificultad para bajar de peso, piel, ánimo — son mensajes, no el problema en sí. Antes de armar un plan, trato de entender de dónde viene ese mensaje: ¿hay inflamación crónica? ¿Cómo está la microbiota? ¿Hay deficiencias nutricionales que el laboratorio puede mostrar? ¿Cómo son tus hábitos reales, no los ideales?
Por eso la anamnesis es tan larga
La primera consulta no es rápida, y es a propósito. Repasamos tu historia de salud, tus hábitos intestinales, tu alimentación actual, tus expectativas y — si los tenés — tus análisis de laboratorio. Con todo eso recién armamos un plan: no una plantilla genérica, sino algo pensado específicamente para lo que tu cuerpo está necesitando en este momento.
Un plan que se ajusta con el tiempo
Ningún plan queda escrito en piedra. En cada consulta de seguimiento revisamos qué funcionó, qué costó sostener y qué hay que cambiar. La idea no es que sigas un plan perfecto en el papel, sino uno que puedas sostener en tu vida real.
Si esto resuena con lo que estás buscando, te invito a conocer más sobre las consultas o sobre Reset Inmune, el programa guiado de 3 etapas.